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El rechazo se convierte en estadística.

Por Aaron Alba

En la inmobiliaria hacía llamadas. Iba de puerta en puerta. Y escuchaba «no».

Otro «no». Y otro.

Al principio cuesta. Un día empiezas a contarlos. Y entiendes que el rechazo no es personal: es un número que se mueve.

Vender no es convencer a todo el mundo. Es hacer las llamadas suficientes para llegar al «sí».

Lo que me llevo

  • Cada «no» cuenta.
  • El miedo baja cuando lo conviertes en datos.
  • Lo que no mides, te lo inventas.
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